Sobre mi
Desde temprana edad me inicié en el tenis gracias a la afición que mi padre tenía por ese deporte. Poco a poco mi interés en esta disciplina iba creciendo a la vez que crecía mi progreso. Un día, y próximo a cumplir 15 años, mi entrenador Luis Bruguera me sorprende con la fantástica noticia de que la Real Federación Española de Tenis me otorga una beca para poder seguir entrenando y mejorando mi nivel tenístico en la Escuela Nacional de Tenis en Barcelona, en la que solo se daba cabida a las mejores raquetas nacionales. A partir de ese mismo instante, empecé a soñar…
Pese a ser una vida dura, marcada por la gran exigencia tanto física como mental, además de vivir sin la compañía de mi familia, disfrutaba de todo lo que hacía, porque sabia que todo este esfuerzo me llevaría a alcanzar el sueño de convertirme en un tenista profesional.
Tenía 17 años cuando una mañana, en uno de los intensos entrenamientos diarios, sufrí un fuerte pinchazo y dolor en la zona lumbar que me impedía correr y hacer los apoyos para el golpeo de la pelota. Esto me apartó de las pistas de tenis durante un tiempo para someterme a tratamientos médicos. Después de un año volví a los entrenamientos pero ya nunca sentí mi espalda como antes de sufrir la lesión. Desafortunadamente no conseguir buenos resultados con aquellos tratamientos. Al forzar en partidos de competición, las molestias volvían a aparecer. Fue entonces cuando vi desvanecerse ese sueño que un día se había creado en mi mente.
Tomar la decisión de dejar completamente la competición fue difícil pero necesaria. Entonces vi la enseñanza del tenis como una opción adecuada para seguir desarrollando mi futuro en el mundo del tenis.
Después de varios años de dedicación a esta actividad, empecé a padecer otros problemas físicos, pero esta vez en el cuello y en el hombro. La aparición de estos nuevos retos físicos sin haber superado aún el primero, despertó en mi numerosas preguntas y dio inició a una profunda reflexión personal.
No recuerdo exactamente cómo sucedió, pero sí recuerdo haber oído hablar de la fisioterapia. Cuando descubrí en qué consistía esta profesión, despertó en mí un profundo interés. Sentí el propósito de formarme, aprender y dedicarme a este campo para poder ayudar a otras personas que pudieran estar sufriendo, o haber sufrido, lo mismo que yo viví. Finalmente, todas esta experiencias vividas me llevaron a tomar la feliz decisión de dirigir mi camino profesional hacia las ciencias de la salud.
